2008-10-22

penetrarme

Nunca había causado un mutis tan extremo. En verdad me enfureció ver sus caras perplejas. ¿Qué tiene de raro el que no pueda recordar cuando fue la última vez que tuve sexo? La ocupaciones me atan y tengo una vida satisfactoria. El sexo o es tan necesario. Y la cara burlona de Pedro. Lo secreteos con su novia, tan falsamente disfrazados de abrazos. La visión de esa pareja juzgadora sobre mi sillón. La música llenando por completo el espacio auditivo de la sala. Era algo de Camel, totalmente ambiental; y por lógica no llenó el silencio que causó mi declaración. Al menos al poco tiempo logré reir al respecto y decir que nada me hará cambiar de opinion. Ramón apostó un mes de sueldo a que puede hacerme cambiar de opinión.

Día 1:
Cuando accedí a hacer este experimento no me quedaba la menor duda de que Ramón iba a perder la apuesta. Además serían sólo 10 días. He pasado meses enteros sin tener sexo. Debo admitir que el aparato no es incómodo del todo. Los que se cuentan como leyendas urbanas se ven pesados e insalubres. Heme aquí, con un cinturón de castidad en mi cintura. A punto de ganar una cuantiosa apuesta. ¿Quién podría necesitar algo así para contenerse?

Día 2:
La situación ha cambiado drásticamente. Orinar es una odisea y apenas pude pegar los párpados esta noche. Ni que decir de ir a evacuar. Ramón dice que me acostumbraré rápidamente, pero esto comienza a parecerme insalubre. He usado casi 100 gramos de talco y la incomodidad no cesa. Eso indica sin duda que es psicosomática. Más que ganas, siento hastío. Esto es un arma de doble filo. Una cosa es el apetito sexual y otra muy diferente la incomodidad.

Día 3:
Cuando Ramón vino a visitarme me sentí algo más que incómoda. Sin razón alguna comencé a sentir rabia en su contra. Lo traté incluso con poca cortesía. Tomando libros al azar leí uno con tintes adultos, y esta noche he tenido un sueño erótico como los que no tenía desde la adolescencia. No lo entiendo. ¿Por qué tenía que ser justo ahora? comencé a pensar en un par de relaciones terminadas hace tiempo. Me despertó el frío ya que entre sueños había hecho una bola de las cobijas y las aprensaba con las piernas. Al parecer ya encontré la manera de ir al baño, pero empiezo a creer que esto era una locura. Mi cabeza está jugando conmigo.

Día 4:
Por más que utilizo toallas húmedas siento suciedad en mí. Igual pasa con el desodorante y el talco. Nada parece funcionar cercano a mi entrepierna. Empecé a jugar con el cerrojo, no queriendo abrirlo pero al mismo tiempo esperando que fuera sólo un adorno y que lo pudiera desprender. Los sueños han regresado esta noche. Hoy vinieron mis padres de visita. Se quedarán hasta mañana. Es cierto que el aparato es pequeño y no se nota sobre la ropa. Pero siento que todo el mundo es capaz de verlo. Esto fue una estupidez. Mi padre dice que estoy alterable y que el estrés es notorio.

Día 5:
Me estoy desesperando. En verdad siento que no lo tolero. Mis padres dijeron que me encontraba demasiado irritable y se fueron temprano. No son los únicos que lo piensan. Cada media hora me descubro tocando el cerrojo, acercando dedos a mi ingle y otras cosas que giran alrededor de eso. El proyecto que tenía en manos no ha avanzado en nada desde que esto empezó. Siento ganas de llorar. Pero Ramón vendrá esta tarde, y no quiero que note mis ojos hinchados. No le demostraré mi debilidad. Quiero matarlo una vez que habra esto y pasarme una tarde entera dentro de la tina.

Día 6:
Ramón aseguró que obtendrá su victoria. Nunca me había comportado de esa manera. Mis agresiones se hicieron tan evidentes que me sorprendieron. Rompí una taza al servir el té. Ya llevo más de la mitad del tiempo acordado. Sé que puedo hacerlo, sólo tengo que dejar de obscesionarme con esto. Hoy volví a trabajar en el proyecto. A mi superior no le pareció el prototipo que le envié, dice que es demasiado agresivo. Y eso que cambié un poco los colores. Por alguna razón se me había ocurrido el rojo como un color base.

Día 7:
No sé en que estaba pensando, pero en la noche traté de violar el cerrojo. Soñé con sexo. Sexo por doquier. Soñe que mantenía relaciones con el cinturón puesto. Que era una parte de mí. Después, en el mismo sueño, veía como se encarnaba e iba envolviendome hasta cubrirme por completo. Acabo de tomar un calmante. Espero que los arañazos en el cerrojo no se noten. Las rozaduras son muy profundas y al parecer casi me corto la ingle. Apretando la almohada se le escapó una pluma. Ha sido la mejor caricia que mis genitales hayan tenido, todo un alivio.

Día 8:
No sé por qué le llamé a Ramón. Notó que había algo raro en mí, pero noté como lo evitaba. Llamó de nuevo a la estúpida parejita que llegaron para aumentar mis nervios. Ahora ya no tenía pudor alguno en moverme o en que fuera notorio o no. Lo empezaba a sentir como algo natural, pero innecesario. Pude estar en completa tranquilidad por unos minutos, pero al final he tenido que tomar otra dosis. Sólo un par de días más y seré totalmente libre. Sólo dos días más. El espejo marca unas ojeras enormes e inexplicables.

Día 9:
No he podido pegar los párpados esta noche. Toda la zona que rodea el aparato está totalmente rosada. Conseguí un ungüento para bebés y no sirvió de nada. No lo soporto un segundo más. Siento que el apeste es insoportable, aunque ayer nadie pareció notarlo. Quiero dormir, pero hoy ya llevo un par de pildoras y no consigo calmarme ni un poco. Casi le grito a mi jefe por teléfono.

Día 9 (más tarde):
Le he llamado a Ramón, y en cinco minutos estará aquí. He sentido ganas de tirarme desde la ventana y volar cinco pisos hasta la muerte. Lo haría, pero me encuentro inmovil víctima de las pastillas y del insoportable dolor que me azota al tratar de mover mi cadera. Las rosaduras seguramente dejarán cicatrices. Como las que hice en mi mano derecha: en plena desesperación mi dedo se atascó en el cerrojo. En cuanto llegue le pediré que no haga burla alguna de mi estado. No me importa pagar el doble, ni su silencio. No me importaría incluso si conservara el aparato de recuerdo. Lo único que me interesa en este momento es que me lo quiten.

Día 10:
No sé que me pasó. El dolor desapareció apenas lo retiraron. Mi cuerpo se sentía ligero y mis piernas muy ágiles. Casi inmediatamente el efecto de las pastillas decayó. En mi alegría he besado a Ramón, quien sorprendido dijo que ese beso era un extra inesperado. Me puse los primeros pantalones que encontré y salí a la calle. No pude evitar mirar entrepiernas. Parecían rodearme por doquier. Mi corazón estaba agitado y mis caderas hormigueaban. Llegó la noche enun santiamén y me descubrí caminando alrededor de un parque. No importaba el rostro que estuviera delante de mí. Mis intenciones eran claras y por eso no tardé en conseguir amante en un bar de baja reputación. Hicimos el amor hasta que se cansó. Me pidió que no continuara más. Y le eché a la calle, a casi las 3 de la mañana. Y salí de nuevo a buscar a su reemplazo. Ahora mismo duerme como un bebé en mi cama. Nunca pensé que yo fuera capaz de algo similar. Y no creo que lo vuelva a hacer. Esta noche es una pesadilla aún peor que los días que pasé con ese cinturón atado. Ramón acaba de hablar y dice que llegará en un rato. No sé que decirle ni como explicarle mi compañía. Tal vez le despierte y se irá. El proyecto quedó terminado enun par de minutos. En verdad no entiendo que tenía en la cabeza con el prototipo que mandé hace unos días. No paro de pensar en lo que pasó. Y en que tal vez nunca pasarán diez días sin hacerlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Dicen que un buen cuentista es ese que te hace sentir cosas distintas cada vez que lees sus cuentos una y otra vez.

A mi parecer lo logras XDD

Me encanta este cuento a pesar de que me corroe la envidia al leerlo lol

bueno, me iré a sacar a hulk con un poco de yaoi de gumshoeXedgey ^^